El miedo es uno de los sentimientos que más vulnerable te hacen. Te posee como una segunda piel paralizando tu cuerpo, nublando tu mente. Transforma la percepción de la realidad haciéndola lúgubre y siniestra. Envuelve el ambiente de un espeso manto gris y dibuja a sus habitantes con un perfil endiablado, monstruoso.
La habilidad con la que te rescaten de ese estadio hace que tu rescatador, además de salvador, se convierta en un héroe. Esa fue la relación que establecí con Stephen Avery desde prácticamente el principio. Me enganché a su papel de héroe, idealizando rasgos de su personalidad que le permitían llevar a cabo tenebrosas hazañas.
Cuando Stephen estaba cerca, yo me sentía a salvo, reconfortada .
Por eso, cuando entró en la habitación me confié. Me relajé. Salí de ese túnel del terror en cuya entrada habían estado hablando de mí. La conversación que había escuchado con interferencias se perdió por las ondas del espacio como si no hubiera existido jamás. Stephen percibió ese momento de dependencia. Sin mediar palabra supo que yo ya me había entregado a un verdugo disfrazado de semidiós al cual ofrecí lo más preciado que tenía: mi confianza. En ocasiones, la complicidad puede ser del todo peligrosa.
- Princesa, ayer estuviste espectacular. Convertiste tu fragilidad en un bocato di cardinale para los que la pudimos saborear. ¿Satisfecha?. Esa pregunta cayó sobre mi conciencia cual una losa, recordando las reprimendas de mi madre cuando me negaba mi propio disfrute haciéndome compartir su pena. En ese instante me convertí en la niña a la que no se le permitía disfrutar porque su alrededor no lo hacía y se le atribuía a ella la responsabilidad de todo lo malo que acontecía. Sentí la necesidad de huir de esta fiesta emocional para pagar las culpas de vidas ajenas.
- Stephen...llevamos unos días, semanas ya, de locura en las que he hecho cosas que jamás había experimentado. He descubierto aspectos de mí que desconocía y ha estado bien... He disfrutado, sí, me he dejado llevar. Pero ahora siento que debo parar. Echo de menos mi vida, mis amigos, mi trabajo... Creo que es el momento de volver a Barcelona. Y si quieres...podrías acompañarme...
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London Blogging Night
¡Hola!
El relato con el que inauguramos esta aventura se tituló London Bloggin Night y es una historia de amistad con todos los ingredientes de una novela de intriga: una desaparición misteriosa, un personaje siniestro, pasiones, miedos e incertidumbres. Puedes encontrar los 47 capítulos en el archivo.
Ahora iniciamos una Isla de Relatos (casi perversa) donde intentaremos contar historias que os evadan un rato, a la vez que os provoquen. Queremos que paséis un tiempo, sea el que sea, pero que sea memorable.
Patricia & Isabel
El relato con el que inauguramos esta aventura se tituló London Bloggin Night y es una historia de amistad con todos los ingredientes de una novela de intriga: una desaparición misteriosa, un personaje siniestro, pasiones, miedos e incertidumbres. Puedes encontrar los 47 capítulos en el archivo.
Ahora iniciamos una Isla de Relatos (casi perversa) donde intentaremos contar historias que os evadan un rato, a la vez que os provoquen. Queremos que paséis un tiempo, sea el que sea, pero que sea memorable.
Patricia & Isabel
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lunes, 9 de diciembre de 2013
miércoles, 9 de octubre de 2013
Capítulo 26: Un mensaje para Guille
Una puerta se abre con cuidado. Eso es lo que oye Eme, que se resiste a abrir los ojos entre los recién abandonados vapores del sueño. La puerta, y la voz de John saludando a Stephen, que trae consigo unos deliciosos bollos. John no puede esperar más para contarle la conversación con Ludmila:
-Nuestra rusa está nerviosa, Stephen. Tiene ganas de ver a este portento de mujer que nos hemos agenciado para ella. Y, por supuesto, para nosotros.
Stephen sonríe, porque sabe que la impaciencia de esa mujer fría es una buena señal. El hecho que ella, que nunca deja traslucir sus emociones, se encuentre en esa tesitura no hace más que beneficiarlos. Cuanto más interés tenga la calculadora soviética, más aumentará el provecho que puedan sacar de todo ello, a parte del evidente disfrute que la barcelonesa les está proporcionando.
-Le habrás sugerido que es un poco precipitado llevarla ya a Rusia, ¿verdad?
-Claro, Stephen. No soy tonto. Le he comentado cuánto ha pagado por estar con ella el pintor y todo lo que estarán dispuestos a apoquinar otros hombres. Eme es preciosa y una excitante novedad. Todo le parece provocador y extraño, pero nos sigue la corriente. No podíamos encontrar a nadie mejor, "vírgen" en esto y con tantas ganas de probar dónde están sus límites.
-Nuestra rusa está nerviosa, Stephen. Tiene ganas de ver a este portento de mujer que nos hemos agenciado para ella. Y, por supuesto, para nosotros.
Stephen sonríe, porque sabe que la impaciencia de esa mujer fría es una buena señal. El hecho que ella, que nunca deja traslucir sus emociones, se encuentre en esa tesitura no hace más que beneficiarlos. Cuanto más interés tenga la calculadora soviética, más aumentará el provecho que puedan sacar de todo ello, a parte del evidente disfrute que la barcelonesa les está proporcionando.
-Le habrás sugerido que es un poco precipitado llevarla ya a Rusia, ¿verdad?
-Claro, Stephen. No soy tonto. Le he comentado cuánto ha pagado por estar con ella el pintor y todo lo que estarán dispuestos a apoquinar otros hombres. Eme es preciosa y una excitante novedad. Todo le parece provocador y extraño, pero nos sigue la corriente. No podíamos encontrar a nadie mejor, "vírgen" en esto y con tantas ganas de probar dónde están sus límites.
jueves, 5 de septiembre de 2013
Capítulo 24: El valor de Eme
En una ciudad, Samara, que da nombre a un planeta menor desde el año 2007, una mujer con un impecable traje gris habla por teléfono, un lujoso modelo de cuarta generación que aguanta su firmeza. Alta, rubia, de ojos claros y aspecto enérgico, está muy pendiente de la conversación. Lo que mira, orgullosamente de pie ante el gran ventanal y sobre la suave moqueta, no le distrae. Está acostumbrada a la visión del omnipresente y caudaloso Volga, a la altura de vértigo del edificio donde trabaja y a la enorme plaza Kuibyshev, considerada la mayor de la Rusia europea y que cuenta con una hectárea más que la Roja de Moscú.
Semejante escenario no consigue perturbarla, a pesar del gran Palacio de Cultura de estilo neoclásico soviético que preside imponente la plaza, y también de la lluvia que no cesa y lo multiplica todo con sus reflejos.
Ludmila no hace justicia al significado de su nombre: “Amada por el pueblo”. No ama a nadie, tan sólo a si misma, y nadie le ama. Quizás por su dureza, quizás porque solamente piensa en el trabajo y en ganar dinero, es quien es. Una de las directivas más influyentes de una poderosa empresa de nanotecnología de la industriosa ciudad rusa de Samara, antigua Kuibyshev, llamada así en homenaje a un revolucionario. Ludmila alza la voz por encima de la incesante verborrea de su interlocutor:
- Dame sólo buenas noticias, John. Estoy cansada de vaguedades y lentos resultados.
Semejante escenario no consigue perturbarla, a pesar del gran Palacio de Cultura de estilo neoclásico soviético que preside imponente la plaza, y también de la lluvia que no cesa y lo multiplica todo con sus reflejos.
Ludmila no hace justicia al significado de su nombre: “Amada por el pueblo”. No ama a nadie, tan sólo a si misma, y nadie le ama. Quizás por su dureza, quizás porque solamente piensa en el trabajo y en ganar dinero, es quien es. Una de las directivas más influyentes de una poderosa empresa de nanotecnología de la industriosa ciudad rusa de Samara, antigua Kuibyshev, llamada así en homenaje a un revolucionario. Ludmila alza la voz por encima de la incesante verborrea de su interlocutor:
- Dame sólo buenas noticias, John. Estoy cansada de vaguedades y lentos resultados.
sábado, 13 de julio de 2013
Capítulo 20: El arte es largo, la vida es corta
Bella, grandiosa, con 100 años a sus espaldas y, aún así, moderna y símbolo del lujo. Así la ven los tres viajeros en cuanto la pisan: llena de referencias literarias, cinematográficas y artísticas, patrimonio de la ciudad y una de sus joyas más valoradas. También misteriosa, eterna -a pesar de pasados intentos de demolición-, punto de encuentro, lugar de paso, refugio y esparcimiento de millones de personas que la disfrutan a diario. La Gran Estación Central de Nueva York abre sus brazos de par en par a sus nuevos visitantes y les acoge encantada. Stephen y John ya la conocen y, por ello, sus renovadas miradas de admiración no se pueden comparar con los ojos bien abiertos y asombrados de Eme. A ella le parece que está en el cielo, entre nubes, puesto que nunca imaginó encontrarse tan pronto en este espacio -idea “descabellada” del titán empresarial Vanderbilt- que le envuelve con su majestuosidad, con las voces y los rostros del pasado...
Inmersa en el bullicioso ambiente de la gran terminal, a Eme ni siquiera le importa no haber podido hablar con Sabela, ni que su móvil no funcione. En este momento sólo puede imbuirse de todas las sensaciones y circunstancias que le han llevado hasta aquí, sólo tiene miradas para esta preciosa estación y para sus dos acompañantes, sólo quiere saber si tendrá éxito y cómo se desarrollará el proyecto que les ha traído a la archifamosa isla del “fin del mundo” de Manhattan, en pleno centro de Nueva York. Y sus pensamientos son completamente normales: ¿quién no se sentiría de la misma forma en este sitio?
-Encanto, sé que la estación es una maravilla, pero no has dicho ni una palabra desde que hemos llegado... Sabes que no venimos de turistas, ¿verdad?
Así de rotundo se expresa John, que no puede soportar la mirada fascinada de la mujer ante tanta fastuosidad. Se nota celoso hasta del marmóreo suelo... ¡Maldito sea! Pero Eme no tarda en contestar y le saca de golpe de su ataque de cuernos: -Sé lo que hemos venido a hacer, compañero, y estoy deseando conocer a Curanaj. Seguro que acepta trabajar con nosotros y, entonces, ganaremos un prestigio enorme sólo por el hecho de colaborar con un artista profesor de la Grand Central Academy of Art.
-Vale, vale, veo que has hecho los deberes, guapa. He quedado con Tony, “nuestro” pintor, precisamente en la academia. Ahora estará terminando una de sus clases, y nos espera a continuación en The Water Street Atelier, el programa con solera de 10 años que realiza la academia en el que los estudiantes serios pueden adquirir las bases de una educación clásica. La experimentación viene después...
Stephen está de acuerdo con su colega, y coincide con Eme en la prisa por saludar en persona al artista neoyorquino: -¿Nos dejamos de circunloquios y aceleramos? A este paso llegamos tarde y, para mí, sería la primera vez. Curanaj tiene buenas referencias de nuestra galería y el trabajo que hacemos en ella, y dice que está barajando una idea desde que llegó de Tenerife. Quizás sea la oportunidad que andamos buscando. -
¿Tenerife? ¿Te refieres a la isla canaria? -Eme no gana para sorpresas y su cara de incredulidad lo dice todo.
-Sí, claro, tesoro. ¿Acaso existe otra Tenerife? La isla de los contrastes y de la eterna primavera es destino, y también residencia habitual, de muchos viajeros ingleses, alemanes y americanos, tanto del sur como del norte. Y entiendo que le pueda interesar a un artista como Tony, creador de bellas composiciones de ricos y vibrantes colores. Porque esa isla afortunada, de las luces y las sombras, los paisajes verdes y los desérticos y “lunares”, las nubes que empujan los vientos alisios, el mar azul, dorado o gris metalizado, según el momento, el sol espléndido y los misterios y símbolos de los antiguos guanches, son terreno abonado para la mirada de un pintor. Además, el Atlántico, con sus furias y sus calmas, es mucho océano...
Inmersa en el bullicioso ambiente de la gran terminal, a Eme ni siquiera le importa no haber podido hablar con Sabela, ni que su móvil no funcione. En este momento sólo puede imbuirse de todas las sensaciones y circunstancias que le han llevado hasta aquí, sólo tiene miradas para esta preciosa estación y para sus dos acompañantes, sólo quiere saber si tendrá éxito y cómo se desarrollará el proyecto que les ha traído a la archifamosa isla del “fin del mundo” de Manhattan, en pleno centro de Nueva York. Y sus pensamientos son completamente normales: ¿quién no se sentiría de la misma forma en este sitio?
-Encanto, sé que la estación es una maravilla, pero no has dicho ni una palabra desde que hemos llegado... Sabes que no venimos de turistas, ¿verdad?
Así de rotundo se expresa John, que no puede soportar la mirada fascinada de la mujer ante tanta fastuosidad. Se nota celoso hasta del marmóreo suelo... ¡Maldito sea! Pero Eme no tarda en contestar y le saca de golpe de su ataque de cuernos: -Sé lo que hemos venido a hacer, compañero, y estoy deseando conocer a Curanaj. Seguro que acepta trabajar con nosotros y, entonces, ganaremos un prestigio enorme sólo por el hecho de colaborar con un artista profesor de la Grand Central Academy of Art.
-Vale, vale, veo que has hecho los deberes, guapa. He quedado con Tony, “nuestro” pintor, precisamente en la academia. Ahora estará terminando una de sus clases, y nos espera a continuación en The Water Street Atelier, el programa con solera de 10 años que realiza la academia en el que los estudiantes serios pueden adquirir las bases de una educación clásica. La experimentación viene después...
Stephen está de acuerdo con su colega, y coincide con Eme en la prisa por saludar en persona al artista neoyorquino: -¿Nos dejamos de circunloquios y aceleramos? A este paso llegamos tarde y, para mí, sería la primera vez. Curanaj tiene buenas referencias de nuestra galería y el trabajo que hacemos en ella, y dice que está barajando una idea desde que llegó de Tenerife. Quizás sea la oportunidad que andamos buscando. -
¿Tenerife? ¿Te refieres a la isla canaria? -Eme no gana para sorpresas y su cara de incredulidad lo dice todo.
-Sí, claro, tesoro. ¿Acaso existe otra Tenerife? La isla de los contrastes y de la eterna primavera es destino, y también residencia habitual, de muchos viajeros ingleses, alemanes y americanos, tanto del sur como del norte. Y entiendo que le pueda interesar a un artista como Tony, creador de bellas composiciones de ricos y vibrantes colores. Porque esa isla afortunada, de las luces y las sombras, los paisajes verdes y los desérticos y “lunares”, las nubes que empujan los vientos alisios, el mar azul, dorado o gris metalizado, según el momento, el sol espléndido y los misterios y símbolos de los antiguos guanches, son terreno abonado para la mirada de un pintor. Además, el Atlántico, con sus furias y sus calmas, es mucho océano...
sábado, 30 de marzo de 2013
CAPÍTULO 14: Eternos rivales
Seguida de Stephen, que le acaba de ceder el paso como el galante caballero que es, Eme aparece en escena. El brillo de los negros ojos de John han intensificado su mirada oscura de una manera inexplicable, convirtiendo sus rasgos en un cielo repleto de nubes cargadas de lluvia. ¿Cómo puede un rostro iluminarse y ensombrecerse a la vez? El espectador entendido diría que en Essol, el extravagante e imaginativo galerista de la White Cube, ese fenómeno es habitual. Pero para Eme esos ojos pendientes de ella tienen una cualidad contra natura. Se sonroja hasta la raíz de los cabellos sin poder evitarlo y esquiva como puede la mirada de ese hombre, una mirada que no trae nada bueno, que atrae hacia el abismo, que te empuja a hacer lo que no sabes que quieres hacer...
viernes, 15 de febrero de 2013
CAPÍTULO 12: Un alma oscura
“El viejo se las busca de maravilla. Esta mujer es una preciosidad, y estaría mucho mejor colgada de mi brazo que de la mano del jefe carcamal…”.
-Hola, Eme. Es un placer… y no sólo conocerte, sino tenerte aquí plantada, ante mí. Eres una fiesta para los ojos, lo sabes. No hagas mucho caso a tu acompañante: siempre le ha gustado fanfarronear de lo bien rodeado que está y de lo estupendos y profesionales que somos todos los que trabajamos con él. Cree sólo una parte de lo que te cuente. Con esa sencilla norma estarás más acertada… ¿Verdad, Stephen?
-Hola, Eme. Es un placer… y no sólo conocerte, sino tenerte aquí plantada, ante mí. Eres una fiesta para los ojos, lo sabes. No hagas mucho caso a tu acompañante: siempre le ha gustado fanfarronear de lo bien rodeado que está y de lo estupendos y profesionales que somos todos los que trabajamos con él. Cree sólo una parte de lo que te cuente. Con esa sencilla norma estarás más acertada… ¿Verdad, Stephen?
martes, 5 de febrero de 2013
CAPÍTULO 11: Una figura fantasmagórica
Después de nuestro paseo por Deptford, Stephen me propuso ir de nuevo a su White Cube Gallery y escuchar mis ideas para la presentación de una interesante iniciativa cultural, maridaje entre el mundo editorial y artístico.
La tarde había dejado paso a un sentimiento nostálgico que me hacía pensar en Sab. No había recibido respuesta a mi email y me preocupaba pensar que no me había perdonado. Le envié un whatsapp al que siguió el silencio, a pesar de que las dos rayitas verdes podían delataban que: ¿se había recibido? ¿entregado? ¿leído?. ¡Qué lío! Pensaba en todas las posibilidades. Preguntar a Stephen no creía que me aclarara nada. Aún así lo hice:
La tarde había dejado paso a un sentimiento nostálgico que me hacía pensar en Sab. No había recibido respuesta a mi email y me preocupaba pensar que no me había perdonado. Le envié un whatsapp al que siguió el silencio, a pesar de que las dos rayitas verdes podían delataban que: ¿se había recibido? ¿entregado? ¿leído?. ¡Qué lío! Pensaba en todas las posibilidades. Preguntar a Stephen no creía que me aclarara nada. Aún así lo hice:
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