Te sorprendería saber la de cosas que no puedo hacer sin ti Sab. Debería haberme preparado para ello. Siempre pensé que dependías tú más de mí que yo de ti. Ahora que estoy aquí aislada y esclavizada, he necesitado tu ausencia para entender mi propia presencia. Tu fragilidad, en apariencia física que no moral, siempre ha hecho que fuera yo la que sentenciaba y tú la que acatabas. Ahora que te otorgo en herencia la titularidad de ser imprescindible, tú ni siquiera estás cerca para aceptarla.
Llevo unas semanas aquí sometida a la celebración de un auténtico baile de máscaras. Finalmente he entendido que es mejor ponerme una cada vez, a poder ser de diferentes personajes, para que ellos me traten mejor. He conocido a una mujer en apariencia angelical, que ha resultado vestir la piel de una mantis religiosa. Su nombre es Ludmila y la primera frase que me regaló fue: "Vamos a utilizar esa cara y ese cuerpo para llevar a muchos hombres al cielo. De ti depende que tú subas con ellos". Yo pensé que ese cielo nada tenía que ver con el destino al que de niña mandábamos a las buenas personas.
Desde que apareció Ludmila todos se comportan diferente. John es un auténtico baboso con ella. Besa hasta su sombra, conformándose con recrear el deseo que siente por ella en silencio. Ludmila, consciente de su poder, le utiliza para satisfacer su ego llevándole de guardaespaldas o porteador, según necesite. Stephen está más serio. Parece que la respeta pero percibo una gran rivalidad entre ambos. Recuerdo la primera impresión que tuve cuando le conocí, rodeado de mujeres en la terraza del hotel Me de Londres. Él era el dueño del espacio y hasta se atrevía a marcar el ritmo al tiempo. Ahora, su protagonismo se veía comprometido y eso debía, cuanto menos, contrariarle.
Hoy parece que tienen grandes planes para mi.
Páginas
London Blogging Night
¡Hola!
El relato con el que inauguramos esta aventura se tituló London Bloggin Night y es una historia de amistad con todos los ingredientes de una novela de intriga: una desaparición misteriosa, un personaje siniestro, pasiones, miedos e incertidumbres. Puedes encontrar los 47 capítulos en el archivo.
Ahora iniciamos una Isla de Relatos (casi perversa) donde intentaremos contar historias que os evadan un rato, a la vez que os provoquen. Queremos que paséis un tiempo, sea el que sea, pero que sea memorable.
Patricia & Isabel
El relato con el que inauguramos esta aventura se tituló London Bloggin Night y es una historia de amistad con todos los ingredientes de una novela de intriga: una desaparición misteriosa, un personaje siniestro, pasiones, miedos e incertidumbres. Puedes encontrar los 47 capítulos en el archivo.
Ahora iniciamos una Isla de Relatos (casi perversa) donde intentaremos contar historias que os evadan un rato, a la vez que os provoquen. Queremos que paséis un tiempo, sea el que sea, pero que sea memorable.
Patricia & Isabel
Mostrando entradas con la etiqueta Mr. Avery. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mr. Avery. Mostrar todas las entradas
lunes, 20 de enero de 2014
lunes, 9 de diciembre de 2013
Capítulo 29: Las cadenas del miedo
El miedo es uno de los sentimientos que más vulnerable te hacen. Te posee como una segunda piel paralizando tu cuerpo, nublando tu mente. Transforma la percepción de la realidad haciéndola lúgubre y siniestra. Envuelve el ambiente de un espeso manto gris y dibuja a sus habitantes con un perfil endiablado, monstruoso.
La habilidad con la que te rescaten de ese estadio hace que tu rescatador, además de salvador, se convierta en un héroe. Esa fue la relación que establecí con Stephen Avery desde prácticamente el principio. Me enganché a su papel de héroe, idealizando rasgos de su personalidad que le permitían llevar a cabo tenebrosas hazañas.
Cuando Stephen estaba cerca, yo me sentía a salvo, reconfortada .
Por eso, cuando entró en la habitación me confié. Me relajé. Salí de ese túnel del terror en cuya entrada habían estado hablando de mí. La conversación que había escuchado con interferencias se perdió por las ondas del espacio como si no hubiera existido jamás. Stephen percibió ese momento de dependencia. Sin mediar palabra supo que yo ya me había entregado a un verdugo disfrazado de semidiós al cual ofrecí lo más preciado que tenía: mi confianza. En ocasiones, la complicidad puede ser del todo peligrosa.
- Princesa, ayer estuviste espectacular. Convertiste tu fragilidad en un bocato di cardinale para los que la pudimos saborear. ¿Satisfecha?. Esa pregunta cayó sobre mi conciencia cual una losa, recordando las reprimendas de mi madre cuando me negaba mi propio disfrute haciéndome compartir su pena. En ese instante me convertí en la niña a la que no se le permitía disfrutar porque su alrededor no lo hacía y se le atribuía a ella la responsabilidad de todo lo malo que acontecía. Sentí la necesidad de huir de esta fiesta emocional para pagar las culpas de vidas ajenas.
- Stephen...llevamos unos días, semanas ya, de locura en las que he hecho cosas que jamás había experimentado. He descubierto aspectos de mí que desconocía y ha estado bien... He disfrutado, sí, me he dejado llevar. Pero ahora siento que debo parar. Echo de menos mi vida, mis amigos, mi trabajo... Creo que es el momento de volver a Barcelona. Y si quieres...podrías acompañarme...
Por eso, cuando entró en la habitación me confié. Me relajé. Salí de ese túnel del terror en cuya entrada habían estado hablando de mí. La conversación que había escuchado con interferencias se perdió por las ondas del espacio como si no hubiera existido jamás. Stephen percibió ese momento de dependencia. Sin mediar palabra supo que yo ya me había entregado a un verdugo disfrazado de semidiós al cual ofrecí lo más preciado que tenía: mi confianza. En ocasiones, la complicidad puede ser del todo peligrosa.
- Princesa, ayer estuviste espectacular. Convertiste tu fragilidad en un bocato di cardinale para los que la pudimos saborear. ¿Satisfecha?. Esa pregunta cayó sobre mi conciencia cual una losa, recordando las reprimendas de mi madre cuando me negaba mi propio disfrute haciéndome compartir su pena. En ese instante me convertí en la niña a la que no se le permitía disfrutar porque su alrededor no lo hacía y se le atribuía a ella la responsabilidad de todo lo malo que acontecía. Sentí la necesidad de huir de esta fiesta emocional para pagar las culpas de vidas ajenas.
- Stephen...llevamos unos días, semanas ya, de locura en las que he hecho cosas que jamás había experimentado. He descubierto aspectos de mí que desconocía y ha estado bien... He disfrutado, sí, me he dejado llevar. Pero ahora siento que debo parar. Echo de menos mi vida, mis amigos, mi trabajo... Creo que es el momento de volver a Barcelona. Y si quieres...podrías acompañarme...
sábado, 13 de julio de 2013
Capítulo 20: El arte es largo, la vida es corta
Bella, grandiosa, con 100 años a sus espaldas y, aún así, moderna y símbolo del lujo. Así la ven los tres viajeros en cuanto la pisan: llena de referencias literarias, cinematográficas y artísticas, patrimonio de la ciudad y una de sus joyas más valoradas. También misteriosa, eterna -a pesar de pasados intentos de demolición-, punto de encuentro, lugar de paso, refugio y esparcimiento de millones de personas que la disfrutan a diario. La Gran Estación Central de Nueva York abre sus brazos de par en par a sus nuevos visitantes y les acoge encantada. Stephen y John ya la conocen y, por ello, sus renovadas miradas de admiración no se pueden comparar con los ojos bien abiertos y asombrados de Eme. A ella le parece que está en el cielo, entre nubes, puesto que nunca imaginó encontrarse tan pronto en este espacio -idea “descabellada” del titán empresarial Vanderbilt- que le envuelve con su majestuosidad, con las voces y los rostros del pasado...
Inmersa en el bullicioso ambiente de la gran terminal, a Eme ni siquiera le importa no haber podido hablar con Sabela, ni que su móvil no funcione. En este momento sólo puede imbuirse de todas las sensaciones y circunstancias que le han llevado hasta aquí, sólo tiene miradas para esta preciosa estación y para sus dos acompañantes, sólo quiere saber si tendrá éxito y cómo se desarrollará el proyecto que les ha traído a la archifamosa isla del “fin del mundo” de Manhattan, en pleno centro de Nueva York. Y sus pensamientos son completamente normales: ¿quién no se sentiría de la misma forma en este sitio?
-Encanto, sé que la estación es una maravilla, pero no has dicho ni una palabra desde que hemos llegado... Sabes que no venimos de turistas, ¿verdad?
Así de rotundo se expresa John, que no puede soportar la mirada fascinada de la mujer ante tanta fastuosidad. Se nota celoso hasta del marmóreo suelo... ¡Maldito sea! Pero Eme no tarda en contestar y le saca de golpe de su ataque de cuernos: -Sé lo que hemos venido a hacer, compañero, y estoy deseando conocer a Curanaj. Seguro que acepta trabajar con nosotros y, entonces, ganaremos un prestigio enorme sólo por el hecho de colaborar con un artista profesor de la Grand Central Academy of Art.
-Vale, vale, veo que has hecho los deberes, guapa. He quedado con Tony, “nuestro” pintor, precisamente en la academia. Ahora estará terminando una de sus clases, y nos espera a continuación en The Water Street Atelier, el programa con solera de 10 años que realiza la academia en el que los estudiantes serios pueden adquirir las bases de una educación clásica. La experimentación viene después...
Stephen está de acuerdo con su colega, y coincide con Eme en la prisa por saludar en persona al artista neoyorquino: -¿Nos dejamos de circunloquios y aceleramos? A este paso llegamos tarde y, para mí, sería la primera vez. Curanaj tiene buenas referencias de nuestra galería y el trabajo que hacemos en ella, y dice que está barajando una idea desde que llegó de Tenerife. Quizás sea la oportunidad que andamos buscando. -
¿Tenerife? ¿Te refieres a la isla canaria? -Eme no gana para sorpresas y su cara de incredulidad lo dice todo.
-Sí, claro, tesoro. ¿Acaso existe otra Tenerife? La isla de los contrastes y de la eterna primavera es destino, y también residencia habitual, de muchos viajeros ingleses, alemanes y americanos, tanto del sur como del norte. Y entiendo que le pueda interesar a un artista como Tony, creador de bellas composiciones de ricos y vibrantes colores. Porque esa isla afortunada, de las luces y las sombras, los paisajes verdes y los desérticos y “lunares”, las nubes que empujan los vientos alisios, el mar azul, dorado o gris metalizado, según el momento, el sol espléndido y los misterios y símbolos de los antiguos guanches, son terreno abonado para la mirada de un pintor. Además, el Atlántico, con sus furias y sus calmas, es mucho océano...
Inmersa en el bullicioso ambiente de la gran terminal, a Eme ni siquiera le importa no haber podido hablar con Sabela, ni que su móvil no funcione. En este momento sólo puede imbuirse de todas las sensaciones y circunstancias que le han llevado hasta aquí, sólo tiene miradas para esta preciosa estación y para sus dos acompañantes, sólo quiere saber si tendrá éxito y cómo se desarrollará el proyecto que les ha traído a la archifamosa isla del “fin del mundo” de Manhattan, en pleno centro de Nueva York. Y sus pensamientos son completamente normales: ¿quién no se sentiría de la misma forma en este sitio?
-Encanto, sé que la estación es una maravilla, pero no has dicho ni una palabra desde que hemos llegado... Sabes que no venimos de turistas, ¿verdad?
Así de rotundo se expresa John, que no puede soportar la mirada fascinada de la mujer ante tanta fastuosidad. Se nota celoso hasta del marmóreo suelo... ¡Maldito sea! Pero Eme no tarda en contestar y le saca de golpe de su ataque de cuernos: -Sé lo que hemos venido a hacer, compañero, y estoy deseando conocer a Curanaj. Seguro que acepta trabajar con nosotros y, entonces, ganaremos un prestigio enorme sólo por el hecho de colaborar con un artista profesor de la Grand Central Academy of Art.
-Vale, vale, veo que has hecho los deberes, guapa. He quedado con Tony, “nuestro” pintor, precisamente en la academia. Ahora estará terminando una de sus clases, y nos espera a continuación en The Water Street Atelier, el programa con solera de 10 años que realiza la academia en el que los estudiantes serios pueden adquirir las bases de una educación clásica. La experimentación viene después...
Stephen está de acuerdo con su colega, y coincide con Eme en la prisa por saludar en persona al artista neoyorquino: -¿Nos dejamos de circunloquios y aceleramos? A este paso llegamos tarde y, para mí, sería la primera vez. Curanaj tiene buenas referencias de nuestra galería y el trabajo que hacemos en ella, y dice que está barajando una idea desde que llegó de Tenerife. Quizás sea la oportunidad que andamos buscando. -
¿Tenerife? ¿Te refieres a la isla canaria? -Eme no gana para sorpresas y su cara de incredulidad lo dice todo.
-Sí, claro, tesoro. ¿Acaso existe otra Tenerife? La isla de los contrastes y de la eterna primavera es destino, y también residencia habitual, de muchos viajeros ingleses, alemanes y americanos, tanto del sur como del norte. Y entiendo que le pueda interesar a un artista como Tony, creador de bellas composiciones de ricos y vibrantes colores. Porque esa isla afortunada, de las luces y las sombras, los paisajes verdes y los desérticos y “lunares”, las nubes que empujan los vientos alisios, el mar azul, dorado o gris metalizado, según el momento, el sol espléndido y los misterios y símbolos de los antiguos guanches, son terreno abonado para la mirada de un pintor. Además, el Atlántico, con sus furias y sus calmas, es mucho océano...
lunes, 20 de mayo de 2013
CAPÍTULO 18: Una propuesta de viaje
Sentada en una silla de madera sobre un precioso almohadón de terciopelo, una mujer esbelta de cabellos suavemente dorados y dispuestos en un sencillo recogido. Quien la mira imagina que ella acaba de dejar en el respaldo de la silla la bata que llevaba sobre su camisón blanco de seda. Y también imagina que está melancólica y que, por ello, piensa a espaldas del espectador, con la mirada, quizás perdida, hacia la derecha y ante un cortinaje oscuro. ¿Qué le habrá ocurrido a esa mujer? ¿En qué estará pensando? ¿Por qué no hace nada?
Esas mismas preguntas se plantea Stephen, vestido de impecable Armani y atento al cuadro que tiene delante, en la pantalla de su Apple: la imagen de una mujer sentada, de un pintor hiperrealista de Nueva York nacido del grafiti y preciosista con los detalles. “Curanaj está llamado a ser un gran maestro y aún tiene mucho recorrido por delante”, se repite Avery a sí mismo, “tengo que hacer algo pronto antes de que otros se nos adelanten”. Con esa decisión en la cabeza, Stephen oye el ruido de la puerta de la galería al abrirse. Y tras ella aparecen unos radiantes John y Eme.
Stephen se adelanta a los saludos:
martes, 5 de febrero de 2013
CAPÍTULO 11: Una figura fantasmagórica
Después de nuestro paseo por Deptford, Stephen me propuso ir de nuevo a su White Cube Gallery y escuchar mis ideas para la presentación de una interesante iniciativa cultural, maridaje entre el mundo editorial y artístico.
La tarde había dejado paso a un sentimiento nostálgico que me hacía pensar en Sab. No había recibido respuesta a mi email y me preocupaba pensar que no me había perdonado. Le envié un whatsapp al que siguió el silencio, a pesar de que las dos rayitas verdes podían delataban que: ¿se había recibido? ¿entregado? ¿leído?. ¡Qué lío! Pensaba en todas las posibilidades. Preguntar a Stephen no creía que me aclarara nada. Aún así lo hice:
La tarde había dejado paso a un sentimiento nostálgico que me hacía pensar en Sab. No había recibido respuesta a mi email y me preocupaba pensar que no me había perdonado. Le envié un whatsapp al que siguió el silencio, a pesar de que las dos rayitas verdes podían delataban que: ¿se había recibido? ¿entregado? ¿leído?. ¡Qué lío! Pensaba en todas las posibilidades. Preguntar a Stephen no creía que me aclarara nada. Aún así lo hice:
Etiquetas:
Arte,
Eme,
Galería,
London Bloggin Night,
Londres,
Misterio,
Mr. Avery,
Mr. Avery_Eme
miércoles, 23 de enero de 2013
CAPÍTULO 7: Sigue la caza
Soy M..., pero mi mejor amiga, que se ha quedado en la fiesta, me llama Eme. ¿Y tú?
“Mejor dicho, la has abandonado en la fiesta... por mi -pensé inmediatamente-. Esto empieza a las mil maravillas. Me gusta esta mujer: se deja llevar.” -Mi nombre es Stephen. Pleased to meet you... :-) .
Cielo, ya que ahora estamos libres de compañía y de otros instrusos que te pretendan, ¿te apetece tomar una copa? Después te llevaré a mi galería... si así lo deseas, claro. Me encanta mi trabajo y sería delicioso poder enseñarte dónde transcurren muchas de mis horas. ¿Te parece bien?
-Por supuesto que sí. Eres el primer marchante que conozco. Y tengo claro que también eres el mejor guía con el que podía haber coincidido. Estoy deseando conocer el lugar de seguro encanto al que me vas a acompañar. Estoy en tus manos.
“Mejor dicho, la has abandonado en la fiesta... por mi -pensé inmediatamente-. Esto empieza a las mil maravillas. Me gusta esta mujer: se deja llevar.” -Mi nombre es Stephen. Pleased to meet you... :-) .
Cielo, ya que ahora estamos libres de compañía y de otros instrusos que te pretendan, ¿te apetece tomar una copa? Después te llevaré a mi galería... si así lo deseas, claro. Me encanta mi trabajo y sería delicioso poder enseñarte dónde transcurren muchas de mis horas. ¿Te parece bien?
-Por supuesto que sí. Eres el primer marchante que conozco. Y tengo claro que también eres el mejor guía con el que podía haber coincidido. Estoy deseando conocer el lugar de seguro encanto al que me vas a acompañar. Estoy en tus manos.
CAPÍTULO 5: ¿Quién es esa chica?
Nací en la década de los 60, y en mis 50 años he visto, oído, compartido y experimentado de todo en mi, a la vez, querido y odiado Londres y en gran parte del mundo. Sé que me gusta demasiado rodearme del lujo y la sofisticación que me puedo permitir con creces gracias a mi trabajo. Pero, a pesar de que lo sencillo también me llame la atención en su inesperada elegancia -el diablo está en los detalles-, me siento de vuelta de muchas cosas y es difícil que me sorprenda nada. Soy curioso por naturaleza, mas es tanta la mediocridad imperante que intento vivir con ilusión proyectos, o momentos, y acabo aburrido siempre.
Creía que esta fiesta era una más, una de tantas en las que he participado desde mi juventud, cuando estudiaba arte junto con mis creativos compañeros en la escuela que me empezó a enseñar mucho de lo que sé ahora. O como las de carácter social que comparto con colegas y clientes, o las típicas juergas con amigos que todos sabemos cómo terminan. Hoy el aire es distinto, hoy estoy encantado, hoy estoy aquí arriba, hoy Ella está aquí. Hermosa, aparentemente segura de sí misma, ocurrente... ¿A quién si no a Ella se le pasaría por la cabeza una piscina llena de agua con gas? ¡Es absurdo! ¡Y divertido!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
